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CASO DALMASSO

Tres fiscales para una deuda de veinte años

Veinte años después del crimen de Nora Dalmasso, la Justicia encontró responsables. No por el asesinato, sino por la investigación. La destitución de tres fiscales reabrió una pregunta incómoda: ¿Quién debe cargar con el peso de una causa que nunca encontró respuestas definitivas?

La paradoja parece salida de una novela judicial. El asesinato que conmocionó a Río Cuarto en noviembre de 2006 todavía no tiene una respuesta definitiva, pero quienes intentaron encontrarla terminaron sentados en el banquillo. Cuando el Jurado de Enjuiciamiento decidiódestituir a los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro, la noticia fueinterpretada por muchos como una forma de reparación institucional. 

Después de años decuestionamientos, alguien finalmente debía rendir cuentas.Sin embargo, detrás de la resolución comenzó a emerger una pregunta más incómoda.Si durante casi dos décadas la Justicia no logró esclarecer uno de los crímenes más resonantes de la historia reciente de Córdoba, ¿la responsabilidad podría reducirse a tres fiscales?

La duda atraviesa cada una de las voces consultadas para esta crónica.

Porque detrás del jury no solo se discute el desempeño de funcionarios judiciales. También se discute cómo se investigó el caso, bajo qué condiciones trabajó la Justicia de aquella época y hasta qué punto una causa que acumuló errores, cambios de rumbo y frustraciones puede terminar convirtiéndose en una condena para quienes la condujeron.

La noche del 25 de noviembre de 2006, Nora Dalmasso fue hallada muerta en su vivienda del barrio Villa Golf. Desde entonces, la investigación transitó un camino errático: sospechosos señalados públicamente, pericias cuestionadas, hipótesis descartadas, años de exposición mediática y una sociedad que observó cómo el expediente avanzaba sin lograr responder la pregunta más importante.

¿Quién mató a Nora Dalmasso?

Dos décadas después, esa pregunta sigue abierta.

La que sí encontró una respuesta fue otra: quiénes serían considerados responsables por el fracaso de la investigación.

Daniel Fernández, abogado defensor del ex fiscal Daniel Miralles, sostiene que allí reside la principal contradicción del jury. Según su interpretación, los fiscales fueron evaluados con información que simplemente no existía cuando tomaron sus decisiones.

"Uno no puede juzgar la conducta de alguien con algo que se supo 18 años después", afirma.

Daniel Fernandez abogado de Daniel Miralles

La referencia apunta al material genético que años más tarde permitió orientar la investigación hacia Roberto Barzola. Para Fernández, gran parte de las críticas formuladas contra los fiscales parten de una reconstrucción retrospectiva imposible de realizar en aquel contexto.

"Con eso que ocurrió 18 años después, se le dice a los fiscales: ¿por qué no investigaron a Barzola?", cuestiona.

Su planteo abre una discusión más amplia que la suerte procesal de Miralles.

¿Puede juzgarse el pasado únicamente con las certezas del presente?

La pregunta encuentra eco en la mirada del periodista Alejandro Fara, quien siguió el caso desde sus primeros días y observó de cerca las transformaciones de la investigación. Fara recuerda una época muy distinta a la actual. Una Justicia con menos recursos tecnológicos, laboratorios menos desarrollados y herramientas de investigación que hoy parecen elementales, pero que entonces no estaban disponibles.

"Con los ojos de hoy analizaron una Justicia que en ese momento estaba carente de un montón de recursos", sostiene.

Alejandro fara foto LV16

Su reflexión no implica absolver a quienes condujeron la investigación. Tampoco negar los errores. Lo que cuestiona es la tentación de simplificar veinte años de historia en una explicación única.

Porque el caso Dalmasso nunca fue una causa común.

Durante años ocupó portadas nacionales, programas de televisión y horas de debate público. Cada movimiento judicial era observado, interpretado y cuestionado. Río Cuarto dejó de ser solamente una ciudad del sur cordobés para transformarse en el escenario de una historia que parecía no encontrar final.

La presión mediática se volvió parte de la investigación.Y la investigación, parte del espectáculo público.En ese contexto, sostiene Fara, resulta imposible comprender lo ocurrido sin considerar el clima político, social y mediático que rodeó a la causa desde el primer día.

La abogada Natalia Bazzani propone mirar todavía más lejos. Para ella, el jury expuso problemas que exceden ampliamente al expediente Dalmasso. Las demoras, la falta de recursos, la acumulación de causas y la sobrecarga de trabajo forman parte de una realidad conocida por quienes transitan diariamente los tribunales. La crisis, sostiene, no comenzó con el jury. Tampoco comenzó con la causa Dalmasso. Simplemente quedó más expuesta.

Su mirada introduce un elemento incómodo: la posibilidad de que el caso más emblemático de Río Cuarto no sea una excepción, sino el reflejo amplificado de dificultades que atraviesan al sistema judicial desde hace años. Vista desde esa perspectiva, la destitución de los fiscales adquiere otro significado.Ya no aparece solamente como una sanción individual. Se transforma en un síntoma.Un síntoma de las tensiones entre las expectativas sociales y los tiempos judiciales. Entre las limitaciones de una investigación realizada hace veinte años y las exigencias de una sociedadque todavía espera respuestas. Entre la necesidad de encontrar responsables y la dificultad de determinar hasta dónde llegan las responsabilidades de cada actor.

Quizás por eso la historia del caso Dalmasso sigue produciendo consecuencias mucho después del crimen. Porque la pregunta ya no gira únicamente alrededor de Nora Dalmasso. Gira también alrededor de la Justicia que intentó explicar su muerte.

El jury encontró responsables dentro de la investigación. Lo que todavía permanece abierto es un interrogante más profundo. Si una causa puede atravesar veinte años sin resolver el crimen que le dio origen, ¿alcanza con destituir a tres fiscales para considerar saldada la deuda con la sociedad?

Esa pregunta, como tantas otras en la historia de Dalmasso, todavía espera respuesta.